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IBIAS TEITA LA NEVERA PERFECTA.

Valdeferreiros se esconde de Asturias. Para llegar hasta allí, desde el centro, hay que ir hasta Cangas del Narcea, cruzar el muro del Pozo de las Mujeres Muertas, descender en picado hasta San Antolín de Ibias y emprender una ruta por innumerables vallinas en dirección a Galicia. Subidas y bajadas con impresionantes precipicios para atravesar el pueblo de Sena, bajar hasta el río Navia y volver a remontar hasta el cielo, donde está Valdeferreiros. Pertenece a Asturias, pero la ciudad más cercana es, con mucho, Lugo. Ahora, en verano, los habitantes pueden llegar a rozar el centenar, pero en lo más duro del invierno apenas si viven treinta personas allí.

Que más de una veintena de técnicos, empresarios, arquitectos y estudiantes se acerquen hasta allí una mañana de sábado ya puede considerarse, en sí mismo, como un acto de apuesta por la cultura y la etnografía. Pero, por supuesto, había un motivo: la celebración de un curso de teitado de hórreos dentro del contexto del programa «Soluciones para la rehabilitación del patrimonio arquitectónico rural», que está llevando a cabo el Grupo de Desarrollo Rural Alto Narcea-Muniellos.

Esta técnica consiste en la colocación de paja en el tejado de los hórreos. Fue una solución aplicada desde tiempos inmemoriales que ofrecía numerosas ventajas: se aprovechaba la paja sobrante de las plantaciones de cereales, se dotaba al hórreo de un tejado natural y, sobre todo, se convertía esta edificación en un almacén donde las condiciones de temperatura eran la ideales.

La paja conserva el frío en verano, el calor en invierno y mantiene la estancia seca y con la temperatura controlada.

Como todo el mundo rural, esta técnica se está perdiendo. Ya no hay plantaciones de cereal como antaño, y tampoco paisanos y paisanas que trabajen el campo en el mismo número que hace años.

El teitado de paja ha dado, durante siglos, un aporte más a la sociedad del Suroccidente: el aspecto de los pueblos. No es un detalle pequeño comprobar que una de las señas de identidad, también estéticas, de la población de la zona se está perdiendo.

Por todo eso el Grupo de Desarrollo Alto Narcea-Muniellos se empeñó en realizar la jornada y por esas mismas razones las personas interesadas lo hicieron con la vista más allá de aprender la técnica. Lo hicieron por la posibilidad de servir de correa entre generaciones para que no se pierda una riqueza que es de todos.

Belén Menéndez Liste, directora del Grupo de Desarrollo, destaca: «Es muy importante que esta gente esté aquí hoy, porque sin el intercambio generacional esto se perderá. Ha generado mucha expectación desde que anunciamos el curso». Menéndez Liste explicó el porqué de la elección de Valdeferreiros, en concreto, para la jornada. «Queríamos que la localización estuviese fuera de todos los circuitos, que fuese poco accesible, porque va implícito en el objetivo del proyecto».

Uno de los asistentes fue Suso Barrero Ron, que trabaja en la construcción en Ibias. «Toda la vida he visto estos tejados, pero no conocía la técnica, así que me apetecía que me la explicaran».

Y así lo hicieron los expertos profesores. Paco, Concepción, Saúl y Camilo, todos ellos de Valdeferreiros, todos ellos con «conocimientos de campo» en la materia más que suficientes, se afanaron en explicar a los asistentes cómo preparar la paja, «que nos llevó ocho días, que esto es muy duro», apostilló Concepción; cómo elaborar los bringayos para atar los paquetes, cómo mojarlos y cortarlos con la longitud deseada, cómo colocarlos sobre el tejado, cómo disponer los palos en la parte inferior para que se sujete el paquete que hay que colocar encima, cómo atarlo todo. Cómo, en definitiva, crear la nevera natural más perfecta que se conoce en la zona.

Son necesarias dos personas para hacer el teitado y puede llevar todo un día. Ahora bien, una vez concluido el trabajo, el resultado es espectacular. «Si la paja es buena, mejor que ésta que tenemos hoy, y lo hiciste bien, no tienes que volver a tocar nada en siete u ocho años. Tienes la matanza conservada perfectamente», cuenta Camilo Álvarez, de Casa Perdigueira. Paco Álvarez, de Casa Dourado, incide en la misma idea: «Nosotros arreglamos el hórreo de casa hace no mucho. Arreglamos vigas y corredores y volvimos a teitar. Es que no hay mejor cosa para mantener la carne como es debido».

José Antonio Ron, etnógrafo y arqueólogo de Ibias, se acercó a la jornada. «Estamos en la fase terminal de esto, si no hay nuevas generaciones que lo aprendan… en Europa se valora mucho más que aquí. Y es una riqueza ya no cultural sino también turística, no hay más que ver cómo toda la folletería del concejo, las rutas, tienen que ver con esta arquitectura». Para Ron la desaparición es casi segura, sobre todo porque han desaparecido, recientemente, las subvenciones que se daban para estos arreglos. «Si quieren que se conserve esto tienen que facilitar la adquisición de paja y hacer ver a los paisanos que no se enfrentan en solitario».

La más joven de las presentes en el curso de teitado de hórreos fue Cristina Vega, de 23 años que estudia Arquitectura Técnica en La Coruña. Cristina tiene una visión diferente que sus compañeros sobre el futuro de estas técnicas: «Yo creo que se va a volver a estas cosas, porque entroncan directamente con la arquitectura bioclimática, que está en auge. Aprovechar recursos naturales y no contaminar tiene más futuro que el hormigón».

Fuente: La Nueva España.